Sobre la distancia

Desde el tren, mientras “miro” la distancia (y el horizonte es siempre la conciencia de la distancia que permanece, la que siempre dista, la distancia misma; aquello que nunca es plenamente presencia porque está —estancia de la “dis-tancia, stare, “estar de pie”—, pero separado, alejado —el “dis” de la dis-tancia—) los recuerdo, y en el recuerdo los evoco. Sí, el horizonte y el mar como escenario me vuelven consciente, mientras me acerco a otro destino, de la distancia que al tiempo que me separa me une: es justamente por ella que están lejos, pero es por ella también que sé que están (en algún lado), y que por tanto estamos de alguna manera unidos… unidos por la distancia misma, por la disyunción de tiempos y lugares.


