
Foto de hace un par de semanas… así es la sala de una de las bibliotecas de las que les hablé en un post anterior. Me encantó la vista, da gusto leer y trabajar con la compu….
Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. (Salmos 90:10 )
Si pudiéramos contar los días que nos quedan, si supiéramos de antemano cuánto tiempo nos tocará vivir, ¿haríamos las cosas de otro modo? Tal vez... pero no lo sé, porque me está vedado saber cuándo llegará mi día. Es la tensión de vivir sin saber cuánto ni cuándo, de aceptar el presente sin eludir el pasado ni el futuro (lo que también ya somos en el modo del recuerdo y en el del “todavía-no” de las esperanzas, de las expectativas). Y sí, hace un poco más de una semana cumplí 35 años.
Quién lo hubiera dicho, que un día llegaría a los 35. Si la vida fuera tan larga como lo plantea el Salmo citado arriba, estaría o bien en el medio, o bien muy cerca de él. Es cierto que para muchos la vida se ha extendido, y cuánto, pero no dejo de preguntarme ¿qué nos pasa cuando pensamos en que tal vez hayamos recorrido la mitad de nuestro camino? ¿Qué sueños se han perdido, que cosas nuevas han surgido que no estaban ahí? Los cumpleaños no son, a pesar de nuestra obsesión con ellos, más que parte del sistema occidental mediante el cual medimos todo; el tiempo así cuantificado se expresa en un número que suponemos debe decirnos algo. Sin embargo, como los pasajes de año en los que nos resolvemos a hacer o dejar de hacer, los cumpleaños cumplen (vaya término) una función: nos “ubican”. La cuestión es saber respecto de qué nos ubican. En cuanto al mercado, nos ubican en la franja de los “empleables”, de los de “difícil ubicación”, de los útiles, muy útiles, poco útiles o... incluso puede que nos ubique en la franja de los “no ubicables en ninguna otra categoría”. Sin embargo el mercado no es el único ámbito respecto del cual nos ubica nuestro cumpleaños: también nos ubica de acuerdo a las expectativas sociales de las que somos objeto en torno a la vida familiar. Seremos por tanto “incorregibles”, “solterones/as”, “libres”, “en edad de merecer”. En las comunidades de fe la edad también nos determina: nos ubica en grupos de “pares” (de dos, de tres, o lo que fuere): niños, adolescentes, jóvenes, matrimonios jóvenes, tercera edad...
Pero me pregunto ahora, ¿son estas las ubicaciones que nos definen, las coordenadas que nos dicen quiénes somos según el ámbito y el número que se calcula teniendo como marco el de otros números convencionales, números que nos fijan a un período de tiempo X? ¿Cómo nos pueden “ubicar”, si somos mucho más que un número, si ese número no dice nada sobre nuestra historia, si la historia vivida no puede cuantificarse nunca? Evidentemente los números no nos definen.... pero cuántas veces son las herramientas mediante las cuales nos someten, nos hace “encajar”, nos definen y nos violentan. Tristemente lo hacemos nosotros mismos. ¿Cuántas veces nos hemos deprimido porque al llegar a cierta edad, a cierta marca social vinculada a nuestra fecha, no hemos alcanzado lo que se supone que deberíamos haber logrado? La mirada de los otros en nosotros nos puede... son al fin y al cabo muchos años de lo mismo.
No olvido las palabras de mi abuela ya en sus setenta y referidas tantas veces por mi madre: “soy, más allá de esta apariencia, yo misma, la que fui a los quince años...”.
¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? (Lucas 12:25)
Comentarios (1)
Tienes toda la razón... y cuantas veces perdemos el tiempo en bobadas insustanciables y dejámos que nuestro ser vague sin rumbo y sin ilusión por que a otros se les metió en la cabeza la clasificación de la especie humana... Seguimos en la lucha, esperando quizás un día que alguién o algo le dé un toque distinto y podamos ver brillar, de nuevo, nuestra existencia.
Recibe un abrazo, amigo... y que cumplas muchos más.
Publicado por Àngel | 5 de Marzo 2008 a las 11:24 PM
Publicado el 5 de Marzo 2008 23:24