Recordando a mi madre, Blanca Margarita Casazza.

“Mami” ya no está. “Mami” era como la llamábamos con mis hermanos, con mi hermana o incluso con mi padre, al menos cuando él estaba con “los niñitos”. En realidad, a veces la llamábamos simplemente “Maa”... A ella, en otros lados la llamaban “Blanca”, “Buchi” (su familia), “Margarita” (en varios de los centros de atención médica que visitó aquí en Cataluña), “profesora” (y tuvo muchísimos alumnos), “señora”... sin embargo, creo que de todos estos “nombres” no hubo ninguno que la hiciera sentir como el de “mami” o el de “maaa”, mío o de mis hermanos. No es que no estuviera feliz con su tarea docente, siempre se sintió orgullosa de su carrera (aunque luego volviera a la universidad para estudiar el traductorado, carrera que terminó pero que nunca llegó a ejercer); tampoco que no se identificara como “Buchi”, porque quiso mucho a su familia o los amigos y amigas que eligió a lo largo de los años; pero lo que siempre quiso, lo que la alegró -y preocupó- hasta el final fue el orgullo y la responsabilidad que asumió con ese nombre, “Mami” o “Maaa”. Recuerdo como esos últimos días en el hospital, cuando por un rato se ausentaba alguno de nosotros, preguntaba “¿Dónde está ________?”. Se preocupó por nosotros hasta el punto de olvidarse de ella misma. Sé que a ella la hubiera hecho sentir incómoda el que yo compartiera su “historia” con otros y en Internet, siempre fue una persona tímida, consciente de sí misma y a veces demasiado autoexigente... por eso fue humilde como pocas, daba mucho y no esperaba demasiado. Sin embargo quiero recordarla con otros y otras, con quienes lean estas líneas, a propósito o por casualidad. Me niego, no puedo olvidarla, y la escritura ayuda...
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