
El retorno de Odiseo / Ulises (460-450 AC)
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El intento es la salida, la aventura sin final ni garantía. Un "tal vez" la abraza, un (in)cierto cómo que puede o no ser, un cómo que no es más que "mera" posibilidad. Sin embargo, como dijo una vez un sabio, "por encima de la realidad está la posibilidad". Encima como está la superficie respecto de la profundidad, como si se nadara sobre "setenta mil brazadas de agua"; encima como está el cielo sobre la tierra, como está el futuro sobre todo "fue". En la tendencia, en el tender en el que siempre ya se ha ex-tendido, en el que siempre se encuentra uno ya fuera y en movimiento, bajo la violencia del tiempo que "se come a sus hijos", así se vive todo intento. Y aquí intento, intento la escritura, la salida de un adentro que no existe porque todo ex-sistir es un "sistir" fuera, una salida frustrada, imposible, y por tanto (in)necesaria. Una exposición invertida, porque es a la vez máscara: ficción, creación, efecto de sentido y su llamada, su búsqueda, su necesidad. Así escribo, buscando, reuniendo y perdiendo al tiempo, en el tiempo.
El tiempo que soy y que pierdo al escribir, la escritura que lanzo y que estalla el sentido en mil pedazos; éstas son dos formas de la retirada que supone escribir: retirada del autor, retirada del sentido en un texto que se abre a las posibilidades de sus interpretes, de sus contextos nuevos, de su viaje hacia el sentido en su pérdida. Escribir es exponerse, en el doble "sentido" de ponerse en un afuera sin adentro y en el de ser desapropiado de lo que de todas maneras no ha dejado jamás de ser im-propio. Escribir hace temblar un temblor que es movimiento y pérdida-encuentro, que es arena entre las manos del visitante de un mar sin orillas en el que las estelas de la barca se confunden con la espuma de las olas y el viento golpea, golpea; apertura de caminos en el agua y en el cielo. El temblor del escribiente es el paso más allá de sí hacia la nada, el sí-mismo/nada, el movimiento en que con-siste el ex-sistir: un intento, un viaje, ¿un retorno? "El camino hacia arriba y hacia abajo es uno solo y el mismo" (Heráclito).
—Ítaca - C. P. Cavafis.
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.